Facultad de Ciencias Sociales

Entrevista a la profesora Daniela Bolívar, coordinadora del Programa de Justicia Restaurativa y Paz Social

"Lo importante es que el resultado sobre cómo vamos a vivir

la vida de aquí en adelante sea producto de un diálogo y acuerdo entre ambas partes”

¿De qué hablamos cuando hablamos de justicia restaurativa?

La justicia restaurativa es una aproximación de justicia que se puede usar en el contexto de cualquier conflicto interpersonal o acción de agresión entre personas. Cuando hablamos de lo “restaurativo” significa que nos situamos en el lugar de restaurar el daño. Ese daño se produce a un nivel individual porque hay una persona con nombre y apellido que ha sido afectada por una agresión, pero también, cualquier tipo de daño, aunque sea entre dos personas individuales tiene un impacto social. Entonces, también se habla de restauración de las relaciones humanas, porque esas dos personas están insertas en una misma comunidad o pertenecen a comunidades distintas, y de alguna manera este tipo de afectación puede distanciar miembros al interior de la comunidad o a dos comunidades una de otra, por ejemplo, cuando hay situaciones de discriminación por un origen étnico, religioso o de orientación sexual. Hablamos de restaurar el tejido social, de lograr, de alguna forma, que las personas se involucren activamente en resolver lo que ha ocurrido, a través de procesos participativos e inclusivos, donde son las mismas personas que lo han vivido quienes tienen la voz y la palabra de cómo resolver el conflicto. Esa es la gran distinción con el sistema de justicia tradicional, donde quienes llevan todo el proceso son abogados o fiscales o jueces. En la justicia restaurativa buscamos regresar el protagonismo a las personas, poniendo el acento no tanto en qué fue lo que pasó sino en cómo podemos resolver esto para el futuro.

¿Dónde surge este concepto? 

En varias partes simultáneamente. Surge como una práctica en Nueva Zelanda, por ejemplo, a principios de los 80, en el ámbito de la justicia juvenil. Y en Canadá, un poquito antes. Pero también comienzan a surgir criminólogos que empiezan a plantearse la posibilidad de hacer una justicia distinta. Surge también como una crítica al sistema penal tradicional, en el cual estamos tomando decisiones que pueden, incluso, ir en contra de las necesidades de las personas. Es un movimiento que, además, se nutre de tradiciones indígenas. Por eso muchos dicen que no se trata de una “nueva justicia”, sino de un reencuentro de tradiciones o de cómo algunas culturas entienden el concepto de justicia. Por otro lado, también aparece en organizaciones de víctimas de delitos (sobre todo en los Estados Unidos) que señalan que las víctimas de delitos son lo más olvidado de todo el proceso pues nadie les pregunta cómo están, cómo les ha impactado lo que han vivido, etcétera. La justicia restaurativa es un paraguas, donde hay muchos modelos de intervención distintos. 

¿De qué manera llega usted a esta disciplina?

Por dos vías. Yo me titulé de Psicología en la UC y fui parte en esa época del Magíster en Psicología Social Comunitaria y, en paralelo, comienzo a trabajar con víctimas de delitos. Trabajé unos 8 años en programas de atención a víctimas, en la comuna de El Bosque, luego en la comuna de Santiago, atendiendo a personas víctimas de delitos graves, como homicidio, delitos sexuales, lesiones, etcétera. Mi pasada por esta avenida me hizo ver que el sistema penal no sólo afectaba a la víctima sino que además no había muchas formas de que las personas pudieran encontrar una respuesta más satisfactoria en el proceso. Necesitábamos mirar otros lares si queríamos darle una respuesta más satisfactoria a las víctimas de delitos. Y así, me fui a hacer un doctorado en criminología, a Bélgica, y trabajé con uno de los exponentes de la justicia restaurativa en Europa, Ivo Aertsen. De ahí en adelante me metí de lleno porque toda mi investigación ha sido en torno a justicia restaurativa y victimología.

Y luego, al volver a Chile ¿cómo pudo aplicar lo aprendido en Bélgica?

En total me quedé 8 años en Bélgica. Y luego, cuando volví, ocurrió algo muy interesante y es que se generó un primer piloto de mediación penal en justicia juvenil en Chile y que fue la antesala del proyecto de ley que debiera ser promulgado este año para reformar la justicia juvenil. Esa reforma habla, con todas sus letras, de la justicia restaurativa como uno de los pilares teóricos del  nuevo servicio de reinserción social en justicia juvenil, que se implementaría a nivel nacional. Ese proyecto de ley se empezó a escribir cuando yo estaba de regreso a Chile y empezamos a trabajar en conjunto con el Ministerio de Justicia a pensar en un modelo de mediación penal que luego se concretó en un piloto de mediación penal que me tocó evaluar junto con un equipo de profesionales y académicos que, dicho sea de paso,  casi todos ahora  pertenecen a nuestro programa de Justicia Restaurativa en la ETSUC. Ivo Aertsen nos acompañó, fue un supervisor de ese proceso. Lo interesante es que este proyecto continuó; actualmente hay 6 ciudades con este piloto en ejercicio, bueno, con algunas dificultades por la pandemia, pero básicamente es algo que de a poquito ha tomado realidad en Chile. 

¿Qué otros exponentes, además del prof. Aertsen, trabajan este tema?

Otro experto es Tim Chapman, académico e investigador de Irlanda del Norte, quien básicamente diseñó el modelo de justicia restaurativa juvenil en ese país. Él, además, ha entrenado a mucha gente no sólo en Irlanda del Norte, sino también en Europa y fuera de Europa. El profesor Chapman nos ha estado apoyando haciendo algunas clases como invitado en nuestro diplomado sobre justicia restaurativa juvenil porque nos trae la visión más especializada sobre justicia restaurativa en el ámbito de la infracción penal juvenil. Pero además de Aertsen y Chapman, te podría nombrar una lista enorme de expertos a nivel mundial que ojalá podamos ir invitando a colaborar a nuestro Programa. Por último, contarte que la justicia restaurativa ha tomado mucha fuerza en Latinoamérica, por lo que también existe una experiencia interesante que se ha ido acumulando y documentando. Nosotros estamos en permanente colaboración con académicos de la región, especialmente de Argentina y Brasil, para realizar diferentes actividades, entre seminarios, congresos, y publicaciones. 

¿El trabajo de justicia restaurativa en Irlanda del Norte tiene relación con los conflictos religiosos entre católicos/as y protestantes en ese país?

Luego del acuerdo de Good Friday en 1998 (que puso fin al período de violencia en Irlanda de Norte) se asentaron las bases para la incorporación de la justicia restaurativa en el sistema juvenil norirlandés. Su inclusión tuvo que ver con el conflicto pero fue más allá de eso, porque implicó una decisión de cómo podían generar procesos en temas participativos inclusivos apoyados desde la comunidad de manera más general. En el caso de Irlanda del norte, es obligatorio ofrecerle a todos los jóvenes que son denunciados por algún delito, no importa cuál, la justicia restaurativa. Ellos pueden aceptarla o rechazarla, pero es obligatorio el ofrecimiento. 

¿Qué tanta relación existe entre justicia restaurativa y reconciliación?

No es la reconciliación el objetivo, tampoco el perdón. Si se da, bien. Pero básicamente el objetivo tiene que ver con ponerse de acuerdo sobre cómo vivir en el futuro. Puede que el acuerdo sea a futuro reconciliarse, pero puede que el acuerdo sea no vernos nunca más, pero tú respetas mi decisión y yo la tuya y es un acuerdo al que llegamos. Lo importante en los procesos restaurativos es que el resultado sobre cómo vamos a vivir la vida de aquí en adelante sea producto de un diálogo y acuerdo entre ambas partes, independiente de ese resultado final. Y en el ámbito penal siempre hay mucho temor de que las víctimas que han sufrido las agresiones van a demandar mucho dinero o van a pedir que la persona sea duramente castigada y la verdad es que lo que se ha visto en la práctica y en las investigaciones es que las personas, sobre todo quienes optan por esta opción, terminan siendo menos punitivas de lo que uno se imagina. 

¿Qué necesitan los perpetradores de delitos, según la justicia restaurativa?

Básicamente la posibilidad de generar procesos que sean realmente reintegradores y que eviten la estigmatización, porque en el sistema penal tradicional muchas veces se les pone un “letrero” que dice “tú eres un delincuente” y, en el fondo, eso crea y exacerba esa estigmatización social. En cambio, en la justicia restaurativa se busca exactamente lo contrario: la desestigmatización. Se “juzga” el acto, no la persona. La persona continúa siendo tratada con respeto, con dignidad, y por eso se le ofrece un espacio de participación y de escucha, porque, en el fondo, ninguna persona debe ser descuidada: todas las personas tienen capacidades y la posibilidad de hacer algo para reparar el daño. Entonces, imagina si una persona que comete un delito es capaz de darse cuenta del daño que ha causado. Muchas veces nunca se enteran realmente de lo que significa haber cometido esa acción contra otra persona. Porque la estigmatización puede hacer que la persona que comete un daño racionalice su actuar y piense “Yo soy delincuente, por lo tanto, delinquir es parte de mí”, con mucha distancia respecto a lo delinquido. 

¿Y en el caso de las víctimas?

Es darles un espacio que no tienen en el sistema penal, que tiene que ver con la escucha y ser capaces de contar lo que les ha pasado desde su propia historia, no sólo en el contexto de la interrogación (“¿Estuvo o no estuvo ahí? ¿A qué hora?”), sino poder relatar qué vivieron, cómo lo vivieron y en qué los afectó y además ser reconocidas como personas afectadas. Suena muy lógico, pero no es la vivencia que suelen tener en el sistema tradicional, donde de alguna forma sienten que “no son las víctimas hasta que se pruebe lo contrario”. Como cuando a uno le roban un collar en la calle, la primera reacción es: “¿por qué lo andabas trayendo?”. Es la culpabilización que suena como algo menor, pero una persona que sufrió una situación importante por supuesto que ese tipo de comentarios son complejos sobre todo cuando vienen del Estado. Además de eso las personas que han sufrido delitos pueden escuchar desde el propio ofensor las explicaciones de qué pasó y por qué lo hizo, viendo a la persona que la agredió tomar responsabilidad. Esto puede tener un tremendo impacto en la víctima, incluso a nivel terapéutico.

¿Qué condiciones se tienen que dar para que este proceso sea positivo para las partes?

Primero, tiene que ser 100% voluntario, confidencial y neutral desde el punto de vista del facilitador. Lo demás es generar procesos de alta calidad, donde los facilitadores den especial importancia al  proceso, sus tiempos y los ritmos y necesidades de las partes.

¿En qué otro contexto podría aplicarse la justicia restaurativa?

Por ejemplo, en el ámbito escolar. Cuando los niños son expulsados del colegio (la actitud más punitiva). Si somos capaces de crear procesos restaurativos en las escuelas, donde los alumnos que hacen bullying o que cometen agresiones contra otros compañeros son capaces de reflexionar sobre lo que ha pasado y pueden dialogar con la otra parte, imagínate tú lo que puede significar en términos de crear comunidad. También podría aplicarse en la misma universidad, desde el punto de vista de abordar conflictos con estudiantes. O incluso dentro de la cárcel, donde hay muchos conflictos entre internos y entre internos y gendarmes. En todo contexto donde hay conflicto y se causa un daño,  podemos usar la justicia restaurativa.

¿Actualmente en el sistema que existe hoy las personas pueden acceder a la justicia restaurativa?
Aún no a nivel nacional. En el ámbito juvenil, va a existir a propósito del nuevo proyecto del Servicio Nacional de Reinserción Social Juvenil que debería ser promulgado a más tardar el próximo año. En este momento la excepción son las ciudades donde existen pilotos de mediación penal que el Ministerio de Justicia está implementando en conjunto con la Defensoría y la Fiscalía. Estos pilotos existen para ir generando experiencia a  nivel regional e ir adaptando los modelos a la realidad local antes de la llegada del programa de mediación penal que tendrá cobertura nacional.

¿Cuál es el objetivo del Programa de Justicia Restaurativa y Paz Social de la Escuela de Trabajo Social UC? 

El Programa está compuesto por académicos y profesionales de diferentes disciplinas, incluidas el derecho, el trabajo social y la psicología. Nuestro objetivo es trabajar en tres ámbitos: primero, promover formación (a través de nuestro diplomado en Justicia Restaurativa Juvenil y, además, esperamos seguir evolucionando en otras instancias de formación) y difusión, a través de seminarios abiertos a la comunidad. Segundo, a través de la investigación, generando evidencia que permita contribuir a la implementación de la justicia restaurativa en nuestro país, y tercero, a futuro, poder brindar asesoría en proyectos concretos respecto a este tema, con el fin de poder apoyar a algunas organizaciones que quisieran aplicar la justicia restaurativa. Hacia allá nos gustaría ir avanzando.